Embajada del Uruguay en Brasil










Datos Socio-Económicos

En el transcurso de 1998 el empuje de la economía uruguaya se fue debilitando. Después de ubicarse en el rango de 5% en los dos años anteriores, el crecimiento se aceleró a casi 7% en el primer trimestre, para luego enfriarse considerablemente, con lo que la cifra para 1998 no llegará a 3%. En este contexto, y bajo una estricta política fiscal, la inflación fue del orden de 9% anual, el mínimo en treinta años.

Producto Interno Bruto e Inflación

Pese a la incertidumbre imperante en los mercados financieros internacionales, continuó el ascenso de los depósitos en el sistema bancario, en tanto que el flujo de capitales del exterior cubrió con holgura el ensanchamiento del tamaño de la brecha externa al equivalente de 2% del producto. La caída del precio internacional del petróleo determinó un aumento de la relación de intercambio, con lo que el ingreso se expandió más que el producto. Hacia fines de año se observaba un debilitamiento de la demanda interna y la tasa de desempleo amenazaba con exceder de 10%, observándose además un repliegue de los flujos del comercio internacional.

La política económica siguió centrada en inducir un descenso paulatino de la inflación, mediante una política fiscal dirigida a equilibrar las cuentas del sector público, combinada con una desaceleración del ritmo devaluatorio mensual. Anticipando un deterioro del escenario externo, las autoridades extremaron la cautela. Por un lado, se procuró reforzar el sistema bancario y reducir la expansión del crédito al sector privado, que había crecido aceleradamente a partir de 1992. Por el otro, comenzó a gestionarse, con financiamiento de organismos crediticios internacionales, la constitución de un fondo precautorio por 450 millones de dólares.

Principales Indicadores Económicos

La política fiscal procuró estabilizar el gasto real en el nivel del año anterior, con lo que se esperaba que en 1998 el déficit no excediera de 1% del producto. El grado de cumplimiento de este objetivo era satisfactorio hasta septiembre, aun cuando los gastos reales resultaron algo superiores a los previstos.

En efecto, los ingresos reales del gobierno central se expandieron 8% durante los siete primeros meses. La ampliación de las facilidades de crédito robusteció el consumo privado, especialmente en adquisición de automóviles, lo que contribuyó al incremento de la recaudación del IVA, impuestos específicos y gravámenes aduaneros. Considerable resultó, asimismo, el aporte de las empresas públicas. Los gastos, por su parte, si bien se incrementaron, lo hicieron en menor medida.

El programa económico previó un descenso del ritmo de devaluación de la moneda nacional a un rango de 7-9% anual. Con este criterio, en abril se redujo de 0.8 a 0.6% la tasa mensual de devaluación, al tiempo que se procedía a estrechar de 7 a 3% el ancho de la banda cambiaria de flotación.

Bajo este sistema cambiario la expansión monetaria depende de la cantidad de dinero demandada por el público, el cual incrementó sus saldos reales. En los doce meses terminados en septiembre el dinero se amplió 16%, lo que involucró un aumento real del orden de 6%. Mayor fue el incremento real de los depósitos en moneda nacional (10%) y más vigoroso, todavía, el de los depósitos en moneda extranjera (17% en dólares).

Luego de crecer en forma acelerada, el producto interno bruto perdió impulso a partir del segundo trimestre del año. La demanda final continuó en activa expansión durante el primer trimestre, en un contexto de incremento del ingreso real de las familias, ampliación del crédito bancario y sólida demanda para exportaciones no tradicionales. Pero luego el consumo se desaceleró, afectado por la suba de las tasas de interés, la incertidumbre respecto de la futura evolución de la economía y la aplicación de disposiciones del Banco Central orientadas a reforzar la solvencia del sistema bancario. A este respecto, se incrementaron los requisitos de responsabilidad patrimonial y de vigilancia de la situación de los créditos. Las exportaciones, por su parte, ya perjudicadas por el retroceso de algunos precios internacionales, comenzaron a resentir los efectos de una menor demanda externa.

En general, luego de un primer trimestre de activa expansión los sectores productivos experimentaron altibajos. Estos se hicieron sentir en la casi totalidad de los servicios y en la industria, cuyas ramas exhibieron variados comportamientos. La construcción creció moderadamente, con importante participación de la inversión pública en infraestructura. La producción agrícola logró recuperar en el segundo semestre la caída registrada en el primero originada en problemas climáticos, mientras aumentó la producción de ganado vacuno y la recolección de leche. A su turno, transportes y comunicaciones continuaron en expansión.

La tasa de desocupación disminuyó a principios de 1998 a 10%, guarismo un punto y medio por ciento inferior al de mediados del año anterior. Mediciones recientes han detectado, sin embargo, una tendencia creciente de la desocupación con ascensos simultáneos en las tasas de actividad y de empleo. Los salarios reales, por su parte, anotaron un crecimiento acumulado del orden de 2% en los nueve primeros meses del año.

El estricto cumplimiento de las metas del programa financiero contribuyó al logro del principal objetivo de política económica, abatir la inflación a una cifra anualizada de un dígito. Al igual que en los años anteriores, los precios al consumidor de los servicios privados de educación y salud fueron los que subieron más rápidamente, mientras los de textiles y vestimenta, bajo la fuerte competencia de importaciones, retrocedieron. La estabilidad del precio de los combustibles y lubricantes contribuyó a mantener por debajo de la media las alzas en el transporte.

La brecha externa se amplió levemente, hasta representar 2% del producto. El déficit de la cuenta corriente del balance de pagos fue algo mayor al previsto, en particular debido a que declinaron los ingresos provenientes del turismo. A pesar de las turbulencias financieras internacionales, Uruguay no ha tenido problemas para financiar esa brecha y continuar ampliando sus reservas internacionales, para lo cual contó con el apoyo de la calificación de "investment grade" otorgada a su deuda soberana. En reciente colocación de títulos, por 150 millones de dólares, la prima de riesgo se incrementó levemente a 345 puntos básicos.

Las exportaciones de bienes aumentaron 4.5% y los distintos rubros mostraron comportamientos diferenciados; mientras los productos tradicionales se contrajeron, se ampliaron rápidamente las ventas no tradicionales. Significativo fue el ascenso de las exportaciones brutas de automóviles a la región; importantes fueron también las ventas de arroz, carne y pescado, a causa principalmente del ascenso de sus precios. Por el contrario, fuerte contracción sufrió el valor de las exportaciones de lana y productos textiles y de cuero y sus derivados. El impacto de la crisis internacional en los países compradores afectaron las exportaciones uruguayas a países asiáticos que retrocedieron en un tercio y las destinadas a Brasil que se estancaron, mientras aumentaron notoriamente las ventas a Argentina.

También se engrosaron, aunque a menor ritmo, las importaciones de bienes. Las compras de bienes de consumo y de capital continuaron ampliándose a paso rápido (10%), mientras las de hidrocarburos disminuyeron 40% a consecuencia del abrupto descenso del precio internacional del petróleo.